Preguntas sobre EL AÑO 2000-------
Dossier

TESTIMOMIO SOBRE LAS INDULGENCIAS (1)

 

A principios de año, un amigo me dice : ¡ A ver si haces tu jubileo frecuentemente, porque tu lo puedes ir haciendo cada dìa ! Ante mi mirada tonta, me explicò como ganar gratuitamente indulgencias para salvar almas del Purgatorio y obtener para ellas la apertura de la puerta del cielo. Siguiò diciendome : Solo son necesarias cinco condiciones : el sacramento de la reconciliaciòn (no cada dìa, claro, pero frecuente), la Eucaristìa no necesariamente en el centro de peregrinaciòn, el Credo para afirmar tu fe, una invocaciòn a la Virgen Marìa, una peregrinaciòn a una iglesia jubilar (designada por el obispo de cada diòcesis) o una visita a un enfermo consideràndole como el Cristo mismo y tambien se pide rezar por las intenciones del Santo Padre.

Ya ves, es tan sencillo que nos cuesta creerlo. Y sin embargo, veamos la humildad de los gestos en el Evangelio. Jesus pide al ciego que vaya a la fuente de Siloe ; Naaman, el Sirio, que tenìa lepra, empezò negando a Elìas el simple hecho de ir a bañarse para ser curado de su enfermedad. Es demasiado fàcil, pensaba. El Naaman que duerme en cada uno de nosotros se rebela contra estos gestos tan sencillos que, sin embargo, nos salvan. Volvamos a la pregunta inicial. Me ocupo de mi hijo que es invàlido y, por esta razòn, puedo efectuar cada dìa un gesto jubilar. Desde aquel dìa, no pierdo ni un dìa para presentar ante la misericordia del Señor el alma de un difunto. Hago alternar mis parientes (¡que bella reuniòn familiar tendremos en el cielo!) con otros que se me ocurren.

Debo confesar que entro yo mismo en un proceso de conversiòn que jamàs hubiera pensado antes. Ya se yo que el Señor opera el mismo liberaciones que no hubiera podido conseguir por mis propias fuerzas. En mi corazòn realiza màs maravillas, me enseña como amar con paciencia, suavidad y humildad y como soportar con amor lo que tantas veces choca con mi razòn, mi sensibilidad, mi deseo de entenderlo todo. Si, me enseña como vivir poco a poco, momento tras momento, me enseña la gratuidad del amor, sin esperar nada a cambio.

Vivimos un año extraordinario de gracia y el Señor nos quiere dar a cada uno la alegrìa de tener la experiencia de la misericordia. Solo pueod enimarte a intentarlo, es fàcil, sencillo, cada uno lo puede conseguir y cuantas almas van a ir al Cielo en este año y ademàs, el Señor te asegura que te va a transformar en El. Cada dìa hasta el dìa 6 de enero 2001, vamos a poder maravillarnos y cantar con Santa Teresita del Niño Jesùs, las misericordias de Dios, no solamente para nosotros sino tambièn para todos los que habremos ayudado a entrar en el Cielo.

Patricia Martin

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